
Los números finales del comercio bilateral con Brasil en 2025 confirman lo que la foto mes a mes venía anticipando: la balanza comercial cerró con un déficit acumulado de US$ 5201 millones, el registro negativo más profundo desde 2017.
El salto es drástico si se lo compara con el desequilibrio de apenas US$ 308 millones del año anterior, y se explica por una dinámica de tijeras: mientras las importaciones volaron un 30,7% (alcanzando los US$ 18.155 millones), las exportaciones argentinas retrocedieron un 4,6% (US$ 12.955 millones).
El dato no sorprende en un año marcado por la recuperación económica y una apertura comercial que reconfiguró el mix de productos, pero enciende luces amarillas sobre la dependencia industrial con el socio mayor del Mercosur.
El motor del déficit
Si hay un protagonista excluyente en este desbalance, es la industria automotriz. El sector explica casi la totalidad de las variaciones bruscas en el flujo comercial. Del aumento total de las importaciones (US$ 4264 millones), el 69% corresponde a compras de vehículos y autopartes, que sumaron US$ 2943 millones extra, de acuerdo con el informe mensual que publica Abeceb.
Por el carril de las exportaciones, la historia fue inversa pero con el mismo actor: la caída total de ventas externas (US$ 629 millones) se explica en un 76% por el retroceso de los envíos automotrices, que bajaron US$ 481 millones. Solo el agro, con un repunte de US$ 207 millones en rubros ligados a cereales, logró amortiguar parcialmente el impacto.
Diciembre: un superávit “mentiroso”
El cierre del año dejó una curiosidad estadística. En diciembre, Argentina logró un superávit mensual de US$ 26 millones, cortando una racha de 16 meses en rojo. Sin embargo, no fue por un boom exportador, sino por el freno de mano de la actividad: el flujo comercial bilateral se desplomó un 16,9%, con caídas tanto en importaciones (-19,6%) como en exportaciones (-14,1%).
Nuevamente, los “fierros” explicaron la parálisis. La baja en la compra de autos y piezas explicó el 73% de la caída importadora del mes, mientras que el desplome de las ventas del sector justificó el 84% de la contracción exportadora.
Lo que viene para 2026
Las proyecciones indican que el escenario de déficit estructural llegó para quedarse, al menos en el corto plazo. Se estima que el rojo comercial se estabilizará en torno a los US$ 5000 millones para 2026.
Del lado brasileño, se espera una moderación del crecimiento (1,8%) en un año electoral y con tasas de interés altas para combatir una inflación rebelde del 5%.
Para la Argentina, con un tipo de cambio real más estable y una economía menos cerrada, el desafío será sostener la tracción exportadora en un contexto donde el real brasileño se mantendría apreciado, cerrando el año en torno a 5,45 por dólar.
La integración productiva sigue mostrando su talón de Aquiles: cuando la industria se reactiva, la dependencia de insumos y bienes finales brasileños dispara el déficit, una ecuación que la “pax cambiaria” y la apertura no logran, por ahora, equilibrar.