
Las exportaciones argentinas de vino registraron en julio su mayor caída en 22 meses. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), los ingresos por ventas de vinos y mostos al exterior alcanzaron USD 64,3 millones, lo que representa una caída del 16,1% respecto al mismo mes del año pasado. La contracción se concentró principalmente en los vinos fraccionados, especialmente los varietales, que son los que generan la mayor parte de la facturación del sector.
El volumen de estos vinos descendió 11,3% interanual, hasta 154.584 hectolitros. Dentro de este segmento, la venta en botellas cayó 13,3%, mientras que los envases Bag in Box se desplomaron 77,5%. El único formato que mostró crecimiento fue el Tetra Brik, con un aumento de 35%, aunque representa solo el 6,6% del total de los fraccionados.
En términos de valor FOB, los vinos fraccionados sumaron USD 62,3 millones, con una caída de 16,1%. La baja se concentró en los varietales, que representan más del 80% del volumen de fraccionados: su volumen cayó 13,8% y su valor FOB se desplomó 52,3%. La reducción fue pareja tanto en vinos blancos (-13,4%) como en tintos (-13,9%). El Malbec continúa siendo la variedad más exportada, aunque también con retrocesos: los varietales totalizaron 126.295 hectolitros por USD 54,6 millones, frente a los 146.593 hectolitros y USD 65,9 millones del mismo mes de 2024.
Para los referentes del sector, la situación refleja tanto factores locales como internacionales. Para Bodegas de Argentina, los repuntes de exportaciones de meses anteriores no representaron un verdadero aumento sostenido, sino la salida de envíos que habían quedado retenidos. Además, la demanda global de vinos continúa débil, con mercados clave como Estados Unidos y Reino Unido afectados por la situación económica y regulaciones relacionadas con el consumo de alcohol. Si bien el precio promedio de los vinos premium ha mostrado cierta recuperación, esto no alcanza para compensar la caída general en las ventas.
Por su parte, Viñateros y Bodegueros del Este explican la disminución por la falta de acuerdos comerciales que colocan al vino argentino en desventaja frente a competidores como Chile. En el plano interno, se señala que la caída de los envíos al exterior podría repercutir en los precios de la uva y del mosto, dado que el mercado local se encuentra prácticamente estancado.