La Unión Europea y Mercosur han dado un paso histórico: después de 26 años de intensas negociaciones, el acuerdo comercial entre ambos bloques se firmará este sábado en Asunción, Paraguay. La firma tendrá lugar en el Banco Central del país y contará con la presencia de altos representantes europeos y sudamericanos, incluida la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. También acudirán líderes del Mercosur, como el presidente de Argentina, Javier Milei, y representantes de Estados asociados, como Panamá, que han defendido el pacto como un avance muy importante para ambas regiones.
El acuerdo abrirá la puerta a la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo, con un mercado de más de 700 millones de personas y un PIB conjunto que ronda los 22 billones de dólares. Esto supone una oportunidad enorme para potenciar el intercambio de bienes y servicios entre Europa y América del Sur, reforzando vínculos económicos, comerciales y políticos. Sin embargo, la firma no implica que el tratado entre en vigor de inmediato: todavía debe pasar por un proceso de ratificación que marcará su futuro.
A partir de ahora, el acuerdo deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y ratificado por los parlamentos de cada país miembro del Mercosur. El Consejo Europeo recuerda que solo cuando los 27 países europeos y las partes sudamericanas completen este proceso, el pacto podrá entrar plenamente en vigor. Aunque el texto se aprobó el 9 de enero, la votación no fue unánime. 21 países votaron a favor, mientras que Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría se opusieron, y Bélgica se abstuvo. Esto deja una incógnita sobre si esas discrepancias podrían afectar a la ratificación.
¿Cuáles son las implicaciones económicas del acuerdo?
En términos económicos, el acuerdo busca liberalizar el comercio entre ambas potencias, reducir aranceles y facilitar el acceso a una amplia gama de bienes y servicios. El objetivo es ofrecer a los consumidores mayor variedad de productos a precios más competitivos, al tiempo que se impulsan inversiones y se mejora el acceso a contrataciones públicas. Además, la UE ha reforzado cláusulas de salvaguardia para proteger a sectores sensibles en caso de que el acuerdo genere desequilibrios.
España se perfila como uno de los grandes beneficiarios del pacto, gracias a su vinculación histórica y lingüística con los países del Mercosur y a la presencia consolidada de empresas españolas en la región. No obstante, el acuerdo también ha generado rechazo en el sector agrícola europeo, que teme que la entrada de productos sudamericanos con costes más bajos perjudique a los productores locales. Para mitigar estos riesgos, se han previsto mecanismos de salvaguardia, contingentes arancelarios y cuotas que podrían activarse si se detectan problemas de precios o un aumento desmesurado de importaciones.
La eficacia de estas medidas dependerá de su correcta implementación. Según Pablo Rupérez, director de asuntos europeos de LLYC, “ahora entramos en una era de implementación”: es esencial trabajar con la Comisión Europea para identificar y denunciar cualquier problema y activar los instrumentos de protección cuando sea necesario. En este sentido, el acuerdo no solo abre oportunidades, sino que también exige coordinación para que los beneficios se repartan de forma equilibrada.
Un movimiento clave geopolítico
Más allá de lo económico, el pacto tiene un componente geopolítico decisivo. En un mundo marcado por el uso de aranceles como herramienta política por parte de Estados Unidos y por la creciente influencia de China, la UE necesita diversificar sus relaciones comerciales. Este acuerdo con Mercosur se presenta como una vía para reforzar la seguridad económica europea, asegurar el abastecimiento de materias primas críticas y consolidar alianzas estratégicas en un escenario global cada vez más competitivo.