El agro argentino embarcó 50,4 millones de toneladas en los primeros cinco meses de 2026

El agro argentino embarcó 50,4 millones de toneladas de productos agroindustriales entre enero y mayo de 2026, el mayor volumen registrado para ese período en la historia del país, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario publicados esta semana. El 68% correspondió a granos en forma directa y el 32% a subproductos industriales —aceites, pellets y harinas. Hasta el 26 de mayo ingresaron 1.313.635 camiones a descargar en los puertos argentinos, también el mayor registro para esta época del año. De ese total, el 73,5% tuvo como destino la región del Gran Rosario, principal nodo exportador del país, que recibió cerca de 965.000 vehículos, unos 200.000 más que en igual período de 2025. El complejo agroexportador generó más de 17.000 millones de dólares en divisas en lo que va del año, según confirmó el ministro de Economía Luis Caputo. En paralelo, el maíz argentino realizó su primer embarque hacia China después de más de una década de cierre de ese mercado: un buque tipo Handymax cargó 34.000 toneladas desde el Gran Rosario con escala en Singapur antes del destino final chino, una señal estratégica que podría redefinir los flujos comerciales del cereal argentino hacia Asia. Para los operadores logísticos que coordinan exportaciones agroalimentarias desde los puertos del litoral y del Atlántico sur —como Seabird Argentina, que gestiona embarques de productos agroindustriales hacia América del Norte y Europa desde sus oficinas en Vicente López, Mendoza, São Paulo y Santos— ese contexto de volúmenes récord y nuevos destinos amplía la demanda de coordinación en todos los eslabones de la cadena.

Los cultivos que marcan la diferencia en 2026 y el rol de Seabird Argentina
El trigo se consolidó como uno de los protagonistas del año con 10,6 millones de toneladas exportadas en los primeros cinco meses, un salto interanual del 67%. El maíz alcanzó volúmenes que la Bolsa de Comercio de Rosario califica como sin antecedentes para esta etapa del ciclo comercial, con embarques cercanos a 5 millones de toneladas mensuales en los picos de la campaña. El girasol es la sorpresa del año: Argentina representa ahora el 13% de la producción mundial, el mayor share en los últimos cinco años, y se convirtió en el proveedor de referencia para la industria molinera europea en un contexto en que Ucrania —el principal productor global— redujo su producción por tercer año consecutivo por efectos de la guerra. La Comisión Europea informó que Argentina suministró el 30,6% de las importaciones de semillas de girasol de la UE en el período, cuando en 2025 a esta altura esa participación era del 1%.

Esa diversificación de cultivos tiene una consecuencia logística directa: más tipos de carga con requerimientos distintos moviéndose simultáneamente por los mismos puertos. El trigo y el maíz van mayormente a granel en graneleros de gran porte. Los aceites y harinas se exportan en buques tanque y en contenedores. Las semillas de girasol tienen sus propias condiciones de almacenamiento y los certificados fitosanitarios específicos que exige cada mercado de destino. Gestionar esa diversidad en los momentos de mayor presión portuaria —cuando los buques hacen cola en el Paraná y los camiones colapsan los accesos a las terminales— requiere operadores con experiencia en cada tipo de carga y con capacidad de coordinación en tiempo real.

El regreso del maíz argentino a China
El embarque de maíz argentino hacia China tras más de una década de cierre de ese mercado es el hecho más significativo del corredor Argentina-Asia en lo que va del año. La operación —realizada desde el Gran Rosario en un buque Handymax con 34.000 toneladas— no es solo un dato comercial: es una señal de que Argentina puede recuperar posición en el principal mercado de importación de granos del mundo. China importa entre 20 y 30 millones de toneladas de maíz por año según el ciclo productivo doméstico, y la reapertura del mercado argentino amplía la base de proveedores disponibles para los importadores chinos en un contexto en que la producción de Estados Unidos —el principal exportador mundial— enfrenta incertidumbre por las políticas comerciales de la administración Trump.

Para los operadores logísticos que gestionan el corredor Argentina-Asia, la reapertura del mercado chino para el maíz agrega una ruta de alta complejidad operativa: tiempos de tránsito de entre 35 y 40 días, transbordos frecuentes en puertos del sudeste asiático como Singapur, y requerimientos documentales ante las autoridades fitosanitarias chinas que son de los más estrictos del mundo. La gestión de esa documentación —certificados de origen, análisis de residuos, registros de los establecimientos de origen— debe coordinarse con precisión con los tiempos del buque para que la carga no quede retenida en el puerto chino por faltante documental.

La presión sobre la infraestructura portuaria
El récord de ingresos de camiones —1,3 millones en cinco meses— pone al sistema logístico portuario argentino ante un estrés operativo sin precedentes. La Hidrovía Paraná-Paraguay, que transporta la mayor parte de los granos desde los puertos del Gran Rosario hasta los buques de ultramar, opera bajo la concesión provisoria mientras avanza la licitación con Jan De Nul y DEME en competencia. La incertidumbre sobre los plazos de profundización del calado limita la capacidad de los graneleros de mayor porte para operar con carga completa, lo que encarece el flete por tonelada justo en el momento de mayor demanda del año. Esa combinación —récord de producción y exportación con infraestructura en transición— es el desafío central que el sistema logístico argentino enfrenta en el segundo semestre de 2026.

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