Con exportaciones históricas impulsadas por el agro, la energía y la minería, el país se encamina a un superávit comercial cercano a los US$ 25.000 millones. Sin embargo, el último informe Situación Argentina elaborado por BBVA Research advierte sobre una economía de “dos velocidades”, donde el dinamismo del comercio exterior contrasta con la debilidad de la industria, la construcción y el consumo interno.
El desempeño del comercio exterior se posiciona como el principal pilar de sustentabilidad del esquema económico. De acuerdo con las estimaciones del documento, la Argentina alcanzará este año un pico histórico de US$ 102.000 millones en exportaciones.
Este hito no responde únicamente a la recuperación agropecuaria y la cotización de las commodities, sino a una transformación de fondo: la aceleración productiva en Vaca Muerta, el desarrollo de infraestructura de transporte asociada y los desembolsos en minería están ampliando el volumen físico saliente y reduciendo la dependencia estructural de las variables climáticas.
En los primeros ocho meses del año, la balanza comercial de bienes acumuló un superávit de US$ 18.249 millones (frente a los US$ 5109 millones del mismo período del año anterior), producto de una expansión de las exportaciones del 21,4% interanual y una contracción de las importaciones del 2,6%. Con esta inercia, la previsión para el cierre de 2026 se sitúa en un superávit comercial de US$ 24.600 millones, que se ampliaría a US$ 26.100 millones en 2027.
Este flujo comercial, sumado a emisiones de deuda del sector privado y de las provincias por unos US$ 18.000 millones en los últimos doce meses, permitió que el Banco Central (BCRA) concretara compras netas por más de US$ 14.500 millones en el mercado oficial de cambios. Con ello, las reservas brutas alcanzaron la zona de los US$ 50.000 millones y las netas bordearon los US$ 9000 millones, cumpliendo holgadamente los compromisos con el Fondo Monetario Internacional.
En materia cambiaria, si bien la menor estacionalidad del agro y una mayor demanda de cobertura inducirán una moderada depreciación hacia fin de año, el informe prevé un tipo de cambio nominal de $1615 a $1630 por dólar a fines de 2026 y de $2026 a $2040 para el cierre de 2027.
Transición fiscal: del recorte drástico a la necesidad de ingresos de calidad
El compromiso con el ancla fiscal se mantiene firme, aunque la mecánica del ajuste ha ingresado en una etapa de mayor exigencia, destaca el informe. En el período enero-agosto, el Sector Público Nacional registró un superávit primario acumulado del 1,1% del PIB y un superávit financiero del 0,2%.
No obstante, los ingresos reales mostraron una señal de advertencia: la recaudación tributaria anotó un retroceso real del 3% interanual. Esta merma se explicó por la rebaja de gravámenes (entre ellos, los derechos de exportación) y por una dinámica de la actividad doméstica más moderada que la prevista. Para compensar esta brecha, el Poder Ejecutivo contrajo el gasto primario un 2,5% real interanual.
Agotado el margen para aplicar tijeretazos de shock sobre partidas flexibles como la obra pública, las transferencias discretas a las provincias o los subsidios económicos, el centro de gravedad fiscal se desplaza. Hacia adelante, el gasto estará crecientemente dominado por rubros de alta rigidez -jubilaciones, prestaciones sociales y salarios públicos- que reclaman recomposiciones parciales tras la fuerte caída real observada.
En este contexto, BBVA Research proyecta un superávit primario del 1,3% del PIB tanto para 2026 como para 2027, con un resultado financiero neutro o ligeramente positivo del 0,1% del PIB. La sostenibilidad a mediano plazo dependerá, por tanto, de ensanchar la base de recaudación a través de la formalización laboral y la expansión económica, recurriendo en el trayecto corto a la venta de activos estatales y privatizaciones, señalan los expertos en el trabajo.
Persistencia inflacionaria y el rumbo monetario
La trayectoria de los precios al consumidor refleja una tendencia de desaceleración sostenida desde el pico del 3,4% mensual registrado en marzo, descendiendo hasta el 1,7% en agosto (la marca mensual más baja desde mediados de 2025) y registrando un promedio mensual del 1,8% en los primeros ocho meses.
La dinámica interna pone de manifiesto la reestructuración de los precios relativos:
- Precios regulados: treparon a un ritmo promedio del 3,2% mensual (+28,5% acumulado a agosto), traccionados por la actualización de tarifas energéticas, transporte y servicios públicos.
- Inflación núcleo: mostró un comportamiento sensiblemente más acotado, con un incremento acumulado del 19,8% en el mismo lapso.
Con la gradual convergencia de los precios tarifarios y la estabilidad del tipo de cambio, el informe estima que el índice general promediará un 1,6% mensual en el último trimestre de 2026, permitiendo cerrar el año con una inflación acumulada del 29%. De mantenerse el orden monetario, en 2027 el indicador consolidaría un ritmo cercano al 1,5% mensual, cerrando el año en torno al 20% anual.
En el terreno de las tasas, el Banco Central ha dejado atrás la fase de tasas marcadamente negativas registrada a comienzos de año. La tasa de referencia (TAMAR) orbita niveles neutrales en relación con la inflación corriente y se ubicaría en 21% TNA a finales de 2026 y en 20% TNA en 2027, configurando un marco de retornos reales ligeramente positivos para evitar presiones sobre el mercado paralelo sin ahogar la demanda de crédito.

Minería, junto con hidrocarburos y la agricultura demandan volúmenes elevados de inversión y lideran las ventas al exterior, pero su capacidad para generar puestos de trabajo masivos e inmediatos es acotada, dice el informe.
Brecha sectorial
Uno de los diagnósticos más agudos del reporte radica en la acentuada heterogeneidad sectorial que caracteriza la recuperación.
El Producto Interno Bruto retrocedió un 0,6% trimestral en el segundo trimestre (+2% interanual) y los datos oficiales del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de julio arrojaron una caída del 2,9% mensual desestacionalizado (-1,4% interanual). Estas cifras obligaron a introducir un sesgo a la baja sobre la proyección oficial de crecimiento del 3% para 2026.
La explicación de este comportamiento dispar se sintetiza en la naturaleza del capital:
- Sectores dinámicos: la minería, los hidrocarburos y la agricultura demandan volúmenes elevados de inversión y lideran las ventas al exterior, pero su capacidad para generar puestos de trabajo masivos e inmediatos es acotada.
- Sectores rezagados: la industria manufacturera, la construcción y el comercio minorista -actividades con alta densidad de empleo- exhiben un ritmo sensiblemente más aplanado.
Esta disparidad repercute directamente en el mercado laboral. El empleo formal en el sector privado acumuló destrucciones netas en la primera mitad del año y la masa salarial real vio recortada su capacidad de compra, conteniendo el consumo privado (que crecería un modesto 2,7% en 2026 y 2% en 2027).
A pesar de estas fricciones de corto plazo, las previsiones de BBVA Research anticipan un repunte del 3% para el PBI en 2027, traccionado por la maduración de grandes proyectos de infraestructura y un salto del 12,2% en la inversión bruta interna fija. De concretarse este sendero, la Argentina encadenaría tres años consecutivos de expansión económica (2025-2027), un fenómeno que no se verificaba en los registros macroeconómicos nacionales desde el trienio 2006-2008.
La hoja de ruta y sus condicionantes
El panorama de mediano plazo se sostiene sobre fundamentos más sólidos que en ciclos expansivos anteriores, pero no permanece exento de fuentes de volatilidad. Entre los principales vectores de riesgo a monitorear destacan:
- El calendario electoral de 2027. El proceso de elecciones legislativas y presidenciales suele reactivar tensiones en la demanda de cobertura cambiaria y la curva de tasas durante el segundo y tercer trimestre del año.
- Exigencias de liquidez externa. Ante la decisión declarada del Gobierno de no acudir a los mercados de crédito internacional en el corto plazo, la autoridad monetaria necesitará acumular entre US$ 10.000 y US$ 12.000 millones adicionales en 2027 para afrontar los abultados vencimientos de deuda soberana.
- Factores exógenos y climáticos. El riesgo de una manifestación severa del fenómeno climático “El Niño” sobre la cuenca agrícola y la persistencia de elevadas tasas internacionales frente a eventuales presiones sobre los precios de la energía representan las principales amenazas externas.